Comprar por volumen mejora el costo por litro. Cómo se fracciona define si esa ventaja llega entera al balance del mes.

Comprar en tambor es una decisión de rentabilidad: el costo por litro baja, la reposición se espacia y el taller gana previsibilidad. Pero entre el tambor y el motor hay un paso intermedio que casi nunca se analiza con la misma atención con la que se analizó la compra.

El primero es el derrame. Un trasvase hecho con jarra o por volcado genera una pérdida que por vez parece despreciable y que, repetida durante un mes de trabajo, se vuelve medible. A eso se suma el tiempo del operario, que en un taller o lubricentro con movimiento también es costo.

El segundo es la contaminación. Un tambor abierto queda expuesto al polvo del taller y a la humedad del ambiente, que en suspensión, junto con las partículas sólidas son dos de los factores que más aceleran el desgaste de los componentes que ese aceite debería estar protegiendo. El problema no aparece el día del cambio. Aparece después, y rara vez se asocia con el modo en que se guardó el producto.

El tercero es la mezcla involuntaria. Cuando se usa la misma bomba para fraccionar distintos productos sin limpieza intermedia, los residuos de un tambor anterior pasan al siguiente. Entre un lubricante de motor, uno de transmisión o entre dos normas API distintas, esa contaminación cruzada altera el desempeño de lo que acabás de entregar.

Hay prácticas simples que ordenan el circuito. Mantener el tambor cerrado entre usos y con el pico limpio. Asignar un elemento de trasvase por tipo de producto y rotularlo. Fraccionar sobre envases limpios y secos, nunca sobre recipientes reutilizados sin control. Y usar una bomba de trasvase en lugar del volcado manual, que además de eliminar el derrame reduce el tiempo que el producto queda expuesto al ambiente.

Fercol acompaña a sus clientes con presentaciones disponibles en tambor, balde, bidón y botella, para que cada taller y lubricentro defina en qué punto le conviene comprar a granel y en qué punto le conviene el envase cerrado. El criterio no es el mismo para todos los productos ni para todos los volúmenes de trabajo.

El aceite que se cuida antes de entrar al motor es el que después rinde lo que promete. Hacerlo simple también es ordenar lo que pasa entre el tambor y el envase.

Conocé nuestra línea completa y sus presentaciones; la recomendación es consultar con nuestros asesores comerciales o visitar nuestra página web www.fercollubricantes.com.ar.